Me encontré un tweet que decía: “765 usuarios que sigo no me siguen de vuelta en Twitter. Entérate de quién no te sigue de vuelta: http://es.notfollow.me/”. Así empezó mi malestar.

Vamos a ver: ¿para qué estamos en Twitter? Yo desde luego para “agregar” a gente, no. Más bien para seguir lo que me interesa y compartir.

Personas, cuentas de empresas y agencias de comunicación, consultores y algún Community Manager que otro, (sorprendente aunque no tanto), utilizan la técnica del follow si follow. Cansa. Y se está convirtiendo un poco en el patio de la escuela, con rabietas y todo ¿no creéis? Lo peor de todo ya no es que lo hagan particulares con el fin de ser un punto de partida en dicha red, sino que más bien lo ejercen y lo han impulsado numerosos gestores de la comunidad.

Mucho CEO, mucho consultor y emprendedor 2.0, pero poca autenticidad. Perdonadme. Entiendo que para conseguir un considerable número de seguidores (tampoco comparto la competición que hay en marcha); para venderse y promocionar tanto nuestra marca como nuestros contenidos, debemos ganárnoslo, gustar y superarnos en cada nuevo seguidor, por el trabajo hecho. Para nada forzar y engañar. Porqué por cada diez seguidores fieles que ganaréis, otros diez marcharán aburridos.

Robots programadores, empresas que se venden a través del follow-unfollow, hacéroslo mirar. Mirad, mi follow no lo tendréis. Y ahora seré yo la que pondré en marcha técnicas de unfollow a los que sean robots. De nada. Y buena suerte.

“Error: Status unavailabe”: la frase de la incidencia mundial de WhatsApp. Tras ella le sigue otro irregular recorrido. Demasiados altibajos y un nefasto servicio es lo que ha caracterizado esta aplicación los últimos meses. Desde entonces han puesto todo su empeño en solucionar dichos problemas de conexión, envío y recepción de mensajes (sin éxito), mientras nacía en Japón otra potente forma de comunicación vía smpartphone.

No solo es esta la cuestión. A WhatsApp se le acusa de no eliminar los mensajes y de la posibilidad de acceder a un terminal al compartir una red wi-fi. Terrible si cierto. Pero aún sabiendo todo esto, seguimos en él. Y yo me pregunto: WhatsApp, ¿para qué te quiero? Si disponemos de otra aplicación que ofrece más servicios y que además no presenta ningún tipo de problema (hasta el momento).

LINE ya ha superado los 80 millones de usuarios desde su desembarco. Nada mal. Aunque todavía hay mucho trabajo por hacer para convencer y acostumbrar a otro buen número de usuarios.

All you need is Line

Con LINE no es seguro salvarse de las nombradas peleas con nuestras parejas o amigos, pero sí es cierto que ofrece un mejor servicio de mensajería gratuita tanto desde nuestro smartphone, como desde nuestro PC.

Sin ir más lejos, espero que lo probéis. No me llevo comisión ninguna por hablar de LINE, no. (:P) Simplemente es genial.

Hoy os planteo una teoría. Me he preguntado cuáles deben ser los mayores problemas de esta oleada promocional de marcas personales, si se sabe gestionar, si todos lo entienden igual, etc. He sacado mi propia conclusión después de haber leído algunos artículos, opiniones y blogs sobre dicho concepto. Bienvenidos a la espiral del Personal Branding.

¿Qué hay más allá de la marca personal? ¿Se crea por y para las redes sociales o basta con reconocer nuestro potencial día a día? ¿Sirve con tener un perfil con sello de personalidad propia o se debe crear un personal branding adaptado a nuestra empresa o al perfil que nos interesa vender/mostrar?

“Siempre sé una primera versión de ti” Audrey Hepburn

¿Qué sucede cuando se ha creado una marca personal “de fachada”, camuflada, ficticia, (inconscientemente) y todos te conocen como tal? Si la remodelas una vez dominas el terreno, nuestros seguidores, ¿confiarán de nuevo o siempre serás aquél que habían imaginado?

Hoy me he aferrado a una teoría de los años 70: la espiral del silencio. Esta, es una teoría de ciencias políticas y comunicación propuesta por la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann en su libro La Espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social (1977)Una teoría aplicable a cualquier conversación que trate sobre la vida social, las relaciones y el entorno comunicativo.

Postula que para evitar el aislamiento en asuntos públicos, la masa se guía por las opiniones que percibe como dominantes y esconde las minoritarias. De este modo, la gente disimula su opinión cuando siente que está en minoría y la expresa con más ganas si cree que coincide con la opinión dominante. Es obvio que no siempre sucede así, ni todos explorarán la misma sensación.

La espiral del silencio relaciona los media, la comunicación interpersonal, las opiniones individuales y las percepciones del entorno social de cada individuo. Ahora, también es aplicable a nuestras queridas redes sociales y al Personal Branding (como no).

¿Qué sucede pues, si lo relacionamos con el Social Media?

En el mundo 2.0, aquél que ha conseguido crear una marca personal potente, ha conseguido ‘venderse’ y ha sabido potenciar todas sus cualidades, crea una oleada de opiniones ‘dominantes’. Estas, ganan terreno frente a las opiniones o perfiles alternativos (no menos buenos), formando una espiral. La voces pequeñas intentan encontrar un espacio donde se las reconozca, pero además, representan y promocionan a las voces que ya están en la primera línea. Es por eso que hoy con el retweet o con la difusión de información en cualquier perfil social, se generará una espiral del silencio.

La existencia de la opinión pública y la opinión privada de los individuos converge en la red, y todo ello crea el brand. ¿Qué seríamos sin nuestras opiniones?

En otras palabras, la redes sociales tienen la capacidad de darnos a conocer, de potenciar nuestra personalidad, de expresar libremente nuestra opinión; en definitiva, crear nuestra marca personal. Pero para ello hay que tener una estrategia o un plan seductor que nos mantenga al alza en cuanto a las opiniones predominantes.

Sucede algo similar con el Klout (cálculo de la influencia social). Cuanto mayor sea nuestra influencia en la red, mayor será nuestra reputación. Así desarrollaremos un firma de opinión propia, que a posteriori se podrá presentar como ‘personaje a seguir’. Dichas valoraciones/apoyos reforzarán y sumaran al perfil más conocido pero el menos popular quedará en el mismo estado inicial.

Todo ello surge frente a la necesidad de crear contenidos, compartir y participar. Es la lucha diaria del Social Media. Comencemos a sumar puntos para crear nuestra marca personal. Bienvenidos a la espiral del Personal Branding.

¿#Podríamos #imaginar #cómo #sería #una #texto #en #que #cada #palabra #estuviera #acompañada #de #un #hashtag? Por imaginar, que no sea.

¡Viva el #hashtag!, es la expresión que utilizo cuando aparece delante de mi esa lista interminable de almohadillas que acompaña una foto en Instagram. Obviamente ayudan a perfumar el: “¡qué guay soy!, (¡que tipo tengo!), pero realmente solo le da un toque rococcó -no vintage-, que despista la simpatía de la propia imagen. En otras palabras, queda fatal.

#Puente #Montaña #Belleza #Otoño #Atardecer #Frío #Natura #Naturaleza #Humedad #Tranquilidad #Placer #Pequeñosplaceres #Compañía #Amor #Vida #Aventura #DíadeCampo #Paseo #Aventura #instagood #igers #MeEncantaPonerTropocientosmilHashtags

Soy capaz de visualizar la imagen que se está etiquetando. Sí, queridos. Parece el hashtag de vuestra vida. No hace falta justificar hasta el último detalle de la fotografía porqué la cuestión está en que “una imagen vale más que mil palabras”.

Los hashtags hacen que las obras circulen por muchos usuarios y adquieran un mayor número de “likes”. No me molesta, no. Solo que… Quizá lo más importante no sea etiquetar, etiquetar y etiquetar para ser más popular, sino, compartir. Agradar y ganar seguidores por tu propio estilo no será suficiente con esos tags, ni en Instagram ni en las demás redes sociales.

Bien, aquí tenéis un ejemplo de ¡viva el hashtag!:

Lo mejor de todo es cuando detrás de este sinfín de etiquetas, aparecen otras diez, pero en inglés. Encantador. O, ya en un nivel superlativo encontramos los hashtags de moda (los más cool, por decir): #instagood, #picoftheday, #iphonesia, #bestoftheday, #igers, #igersdeaquí e #igersdeallá. ¡Eso sí que es emocionante!

Sin ir más lejos, estos son los hashtags más populares: (¿hay alguna foto vuestra entre estos números?)

¡No me digáis que también son vuestros favoritos!

¿’Hashtaqueamos’?

¿Tu, no battery, no life, (similar al no twitter, no life) es tan potente que no puedes soportar ver cómo el porcentaje de la batería de tu móvil baja cada vez que respiras? Don’t worry, yo tampoco.

Eres un fan number one de tu Smartphone. Lo sé. Pero, que no cunda el pánico, eres/somos adictos a él. No por eso seremos un poco más frikis, no, porque ya lo somos lo suficiente por estar todo el día pegados a la pantallita.

¿Habéis visto con qué arte dejamos que nuestro pulgar acaricie la pantalla? Eso de la adicción, no me convence, en realidad, podemos sacar mil cosas positivas de nuestro amor por los robotitos inteligentes. Así que, podríamos decir que más bien somos adictos a lo social, a estar conectados con el mundo.

Si os sentís culpables porqué os taladran continuamente con vuestra dependencia incondicional al smartphone, no cabe duda que quieren conversar con vosotros vía “I’m addicted to you”. Dadles la oportunidad y enseñadles el abanico de posibilidades que tienen si se convierten en un pro 2.0.

Si desde ya aceptas y asumes tu responsabilidad de “addicted” debes anotarte lo siguiente (en la tapa trasera del smpartphone, please):

He aquí unos consejos (prácticos y preventivos) para no coger un ataque de histeria si te quedas con un 1% en el mejor momento de la conversación:

– Llevar siempre el cargador en el bolso (chicos, qué sé yo…)

– Decirle al ‘amiguito/a pesado/a’ que deje de mandar whatsapps cuando sabéis que estaréis unas cuantas horas fuera de casa. Nunca se sabe, quizá surja un imprevisto y tengan que avisarte para una cita importante. Es como cuando sales de casa de cualquier manera (ejem, sin peinar y con un jersey-pijama), te cruzas con quien no querías… Sí, ¡casualidades!

– No mirar cada cinco minutos si te han escrito en Twitter, Facebook, Whatsapp, porqué existe un sonido y una vibración que te avisa. Hay que disfrazar nuestra inquietud ;-)

– Ir a bares que tengan los enchufes a vistas, y disimuladamente, di-si-mu-la-da-mente, aprovechar para darle de comer a la mascota.

– Relajarse y escuchar esta canción

¡¡¡Yo, es que soy una apasionada y adicta a las personas!!! Es la contestación más simpática a los que pretenden acusarme de adicta a mi pequeño mundo de conocimientos en la red.

Frase de presentación -muy habitual- si se quiere ser un fan y fiel seguidor de la web 2.0. Ahora, es así como empiezan las conversaciones.

Con un gran respeto a todos ellos y una especial admiración hacia muchos.

Sucedió durante la segunda mitad de los noventa, cuando muchos sitios de Internet crecieron de modo exponencial, dando lugar a la época dorada de la Red. Poco después, esta condujo hacia una “crisis” en el entorno.

El “boom digital” apareció debido a un crecimiento e inserción “prematuro” de varias empresas en Internet. Se vivía una euforia tecnológica.

En solo un año se produce la etapa de la decepción tecnológica que coincide con “la crisis de las .com”. Derivó en salidas “infladas” a bolsa, oferta de accesos gratuitos a internet, fusiones corporativas…

La crecida se frenó en seco como consecuencia de una inexistente estructura empresarial sólida, el agotamiento de las fuentes de información, el cuestionamiento de la publicidad on-line y la escasa copeoratividad de las empresas del sector. Los medios de comunicación sociales crearon un accesdirecto de la información a la sociedad. Y (cada vez, más) de la sociedad a los medios de comunicación.

Las empresas vieron la necesidad de incorporar una figura encargada de gestionar, construir y moderar comunidades en torno a una marca en Internet. El nuevo modelo de negocio, que aparentaba ser una gran fuente de ingresos y un gran descubrimiento para los más ambiciosos, demandaba un cuidadoso departamento de Marketing, comunicación, tecnología, redacción, etc. Nació entonces el Community Manager (CM) o Social Media Manager (SMM).

Hola, me llamo Laura y soy community manager.

Hace unos escasos tres o cuatro años, nadie sabía que existía el término CM. Sucedió algo similar con la oleada de naturopatas -por poner un ejemplo-. Si bien en los años de esplendor económico, daba la sensación de toparnos con millones de Naturopatas, Centros de terapias alternativas, Cursos de Plantas medicinales, Osteopatía, etc. (¿Quién no tiene un amigo que lo sea?). Ahora, circulan miles de ofertas de empleo en las que demandan esta profesión, la de CM. (¿Quién no tiene un amigo que lo sea?)

 

Es tal el boom de los SMM que se ha creado la Asociación Española de Responsables de Comunidades Online (AERCO).

AERCO define a un Community Manager como “ persona encargada o responsable de sostener, acrecentar y, en cierta forma, defender las relaciones de la empresa con sus clientes en el ámbito digital, gracias al conocimiento de las necesidades y los planteamientos estratégicos de la organización y los intereses de los clientes. Una persona que conoce los objetivos y actuar en consecuencia para conseguirlos“.

Estamos frente a la profesión de moda.

Un profesional que conoce todas las herramientas sociales posibles, y que aplica unos dotes comunicativos en las empresas con sus clientes para el ámbito digital. Y que además, tiene servicio 24 horas.

La web 2.0, pues, ha exigido un mayor cuidado en lo que se refiere al sector comunicativo. Pasados aquellos años de turbulencias de los que he hablado, han aparecido tres figuras relvantes para la comunidad 2.0. El Community Manager, ya nombrado, juega en paralelo al Comunicador y al Ciberperiodista.

Por un lado, el ciberperiodista, maestro del hipertexto, ha conseguido fusionar periodismo, tecnología, 2.0… ¿Multiusos, entonces? (ahora es cuando todos me tiran tomates). O, ¿polifacético? Existe un debate abierto sobre ello. Aunque muchos crean que caen en el primero, apuesto por el segundo.

Otro, la figura del Comunicador. Da la sensación de que existen miles de ellos. Yo les digo comunicadores “tutti frutti”, -que en realidad es lo que necesita el mundo de la información-. Pero, obviando los sabelotodo, siempre.

Mi amiga Laura, es periodista, ahora, ciberperiodista y además, community manager y comunicadora. ¿Cuál es su lugar en toda esta nube de información, mundo 2.0, y entorno social media? Repondremos en menos de lo que esperamos.

CM, Comunicación, Ciberperiodismo. Tres importantes profesiones, necesarias, que admiro. ¡No las explotemos hasta el punto de que su calidad quede reducida a cero!

Entras tres, cuatro, cinco, siete veces… Actualizas. Diez, once, trece, catorce… Actualizas. Diecisiete, diecinueve… Cierras. Veinte. Problemas de acceso. Cambias de navegador, no carga. Vuelves a empezar. Reinicias el PC. Un, dos, tres, ¡entras! Miras tu TL. @Conecta(s), y vuelta a empezar. F5. Cierras. ¡Cierras!

Dominas la paciencia, luego te inquietas. Llevas ya veinte intentos. Entra el nerviosismo, la preocupación. Accedes a Facebook y percibes el mismo desasosiego entre tus amigos. Es problema de más usuarios, bien. Te relajas (un poco).

Sigues intentando. Actualizas, cierras, actualizas, cierras. Actuali…zas… ¡Cierras! ¡Entras en mode angustia! Y cuando ya llevas una hora sin conseguir estar on, te preguntas:

¿¡Qué hago yo enfurecida/o por el dichoso pajarito!?